Divorcio en creyentes: ¿cuándo es permitido?

Divorcio en creyentes: ¿cuándo es permitido?

Un análisis integrador desde la consejería cristiana

Hablar del divorcio dentro de la fe cristiana no es solo hablar de normas bíblicas; es hablar de historias rotas, de silencios largos, de oraciones que parecen no haber sido respondidas. Muchas personas aman a Dios profundamente y, aun así, viven atrapadas en matrimonios que ya no son un lugar seguro ni de crecimiento. Este tema duele porque toca el corazón, la fe y la identidad.

El matrimonio, según la Biblia, no es simplemente un acuerdo legal. Es un pacto, y un pacto es una promesa sagrada hecha delante de Dios, donde dos personas se comprometen a caminar juntas con fidelidad, cuidado y responsabilidad mutua. Cuando ese compromiso se honra, el matrimonio da vida; cuando se rompe, deja heridas profundas. Desde Génesis, la Escritura dice que “los dos serán una sola carne”. Esto significa que el matrimonio une el cuerpo, las emociones y el espíritu. Por eso, cuando una de estas áreas se quiebra gravemente, el pacto empieza a desmoronarse, aunque legalmente el matrimonio siga existiendo.

Jesús fue claro al decir que el matrimonio no fue diseñado para romperse. Sin embargo, también reconoció una triste realidad: el corazón humano puede endurecerse. Cuando habló de la excepción por porneía, Jesús usó un término amplio. Porneía no se refiere únicamente al adulterio físico; se refiere a toda conducta sexual o relacional que traiciona la fidelidad matrimonial y destruye la unidad del matrimonio. Es decir, cualquier comportamiento que rompe la confianza y la exclusividad del pacto.

Aquí es importante entender qué significa infidelidad.

La infidelidad sexual ocurre cuando uno de los cónyuges tiene una relación física con otra persona fuera del matrimonio.

La infidelidad emocional, por su parte, ocurre cuando una persona entrega su tiempo, afecto, intimidad emocional y apoyo profundo a alguien que no es su cónyuge. Aunque no siempre hay contacto físico, el vínculo emocional reemplaza la conexión matrimonial y causa una herida real y profunda.

Desde la psicología relacional, la infidelidad emocional rompe el apego, que es el lazo de seguridad y confianza que sostiene la relación. Cuando ese apego se rompe, la persona traicionada experimenta ansiedad, pérdida de identidad y dolor profundo, muy similar al trauma. El apóstol Pablo aporta una mirada pastoral clave. Él enseña que el ideal es la reconciliación, pero también reconoce que no todos los matrimonios pueden restaurarse. Pablo introduce el concepto de abandono, que no es solo irse físicamente de la casa.

El abandono también puede ser emocional y relacional. Ocurre cuando uno de los cónyuges:

 

  • Se desconecta completamente

  • Se niega a comunicarse

  • No asume responsabilidad afectiva

  • Vive como si ya no estuviera casado

 

Cuando esto sucede de forma persistente, el matrimonio deja de existir en la práctica, aunque siga existiendo en el papel. Otro aspecto crucial es la violencia doméstica. La violencia no es solo golpear. Incluye:

 

  • Violencia física (empujones, golpes, amenazas)

  • Violencia verbal (insultos, humillaciones constantes)

  • Violencia emocional (control, manipulación, miedo)

  • Violencia sexual (forzar intimidad sin consentimiento)

 

La violencia convierte el hogar en un lugar de peligro, no de refugio. Desde la consejería cristiana, entendemos que Dios no llama a nadie a permanecer donde su vida, dignidad o salud emocional están siendo destruidas. En estos casos, la separación no es pecado; es protección. Cuando hablamos de que el pacto ha sido “gravemente quebrantado”, nos referimos a que las bases esenciales del matrimonio fidelidad, cuidado, respeto y presencia han desaparecido de manera continua y sin arrepentimiento. En estas circunstancias, el divorcio puede ser una decisión responsable, no impulsiva.

Esto no significa que el divorcio sea fácil ni deseable. Implica duelo, dolor y un proceso de sanidad. Por eso, la consejería cristiana recomienda:

 

  • Acompañamiento pastoral

  • Apoyo terapéutico

  • Procesos de perdón (que no siempre implican reconciliación)

  • Tiempo de restauración personal antes de nuevas relaciones


Si estás leyendo esto y tu corazón está cansado, quiero hablarte directamente: Dios no se avergüenza de ti por estar luchando. Él no minimiza tu dolor ni te exige soportar lo insoportable para probar tu fe. Dios es un Dios de verdad, sanidad y restauración. El divorcio no es el diseño ideal de Dios, pero permanecer en una relación destructiva tampoco lo es. Aun cuando un matrimonio termina, la historia de Dios contigo no se acaba. Él sigue siendo especialista en sanar lo que fue quebrado y en escribir nuevos comienzos.

 

Referencias 

Biblia de Jerusalén. (1998). Desclée de Brouwer.

Clinton, T., & Ohlschlager, G. (2020). Competent Christian counseling. WaterBrook.

Cloud, H. (2021). Necessary endings: The employees, businesses, and relationships that all of us have to give up in order to move forward. HarperBusiness.

Keller, T., & Keller, K. (2020). The meaning of marriage: A couple’s devotion. Penguin.

McMinn, M. R. (2021). Psychology, theology, and spirituality in Christian counseling (3rd ed.). Tyndale.

Worthington, E. L. (2020). Forgiveness and reconciliation: Theory and application. Routledge.

Wright, N. T. (2023). Paul: A biography. HarperOne.

Regresar al blog

¡Agenda con nosotros!

Te invitamos a una reunión completamente gratuita, donde podrás contarnos sobre el proceso que estás viviendo. Así podremos evaluarlo y presentarte el programa de Cajan que mejor se adapte a tus necesidades, mostrándote además el valor real que recibirás. ¡Es la oportunidad perfecta para encontrar la solución que buscas sin compromiso!”